La cada vez más lacerante desigualdad entre clases  es una realidad virtual que no aparece en los “telenotícies” aplicada a Catalunya, y menos en campaña. Suele existir merced a la imaginación del grafismo electrónico y la borramos a voluntad oscureciendo la pantalla en un par de clics, porque lo que se lleva es mirarse el ombligo. Ejemplo: “Internet News: Son más de 150 millones los niños que padecen desnutrición…” “Más de 800 millones de personas carecen de recursos suficientes para poder comer…” “Para más de 500 millones de individuos, la esperanza de vida se halla por debajo de los 40 años…” Clic. “¿Desea interrumpir su conexión con Internet?” Clic. “Ahora puede apagar el equipo”.

Menos mal, para la izquierda no abducida por el esencialismo, que el frenillo a los desahucios ha podido fijar un tema de preocupación social entre tanta estrella fugaz. Agradézcanselo no a los bancos, ni a los partidos ni a los jueces, sino al tribunal eeuropeo que en breve nos dirá que nuestro sistema hipotecario es una moderna inquisición económica.

¿Sonreímos un poco? Según mucha verborrea de campaña, España es una decadente unidad de ladrillo en lo universal y los catalanes somos un pueblo excelso del que se alaba el sentido común y el patrimonio, cuando no hemos sabido conservar los bosques, el Liceo, el seny, las playas, los acuíferos, el oasis político, la Sagrada Familia original, el impuesto de patrimonio, el de sucesiones, Vargas Llosa y compañía,  Maradona, Schuster, Laudrup, Romario, Ronaldo, Figo, Ronaldinho….

 La ciencia matemática porcentual de la estadística, aplicada al cálculo de posibilidades en los sondeos políticos, nos permite conocer de antemano y con total exactitud los partidos que se adjudicarán la victoria aunque no ganen.

El jubilado Goirigolzarri, ex consejero delegado del BBVA y presidente de la orden mendidante de Bankia, con solemne voto de pobreza ajena, disfruta de 3 millones de euros anuales de los 55 que se reservó en el BBVA, mientras a los demás nos escamotean la revalorización de las pensiones. ¡Esto es federalismo asimétrico!

El agujero negro menos estudiado del espacio sigue siendo la zona de máxima opacidad de los partidos donde vagan las donaciones de empresas favorecidas por la propia formación.

¿El toro ha de estar en la plaza o en el estofado? A veces resolvemos rápidamente los dilemas, pero en otros nos encallamos en la salsa turbia. ¿Será la supuesta cuenta suiza de Artur Mas otra sinfonía inacabada como el inefable 3%? Si añadimos esta carga a la de una pequeña nación que lleva medio siglo preguntándose hiperbólicamente lo que es y donde va, esto no hay quien que lo aguante.